«Soberana de Ronda» – Alejandro Martín

«Soberana de Ronda»

La historia nos habla de que la Virgen de la Paz llega a Ronda entorno al S. XIV-XV, siendo una imagen gótica, traída en la reconquista. Se desconoce su procedencia, aunque la historia nos dice que es más antigua de lo que creemos. La pintura más remota que conservamos es de finales del XVI-PP. S. XVII; Es por ello que la intención de la obra es recrear el estilo gótico, bebiendo de las pinturas de Van Eyck y tomando como punto de partida el «Dais de Charles VII» (tapiz de la coronación de Carlos VII); esto nos habla de la antigüedad de la imagen. La composición es sencilla, triangular. Tanto ascendente como descendente, creando así una llamada a introducirse en la obra. Todas las líneas convergen en la virgen. Lo inferior asciende, lo superior desciende, todo se centra en la corona y el rostro.

La proporción del cuadro y los espacios libres, corresponden a la estructura inicial de propuesta de cartel; la distribución de los tres elementos principales (ángeles y figura de la virgen) nos recuerdan a la forma de los tres arcos del Tajo de Ronda.

La virgen de la Paz aparece respondiendo a la descripción que Fray Diego hace de ella, y así se recrea en la pintura:

Corpulenta, de casi dos varas de alto, airosa y gallardamente dispuesta. La cabeza recta, mirando al frente, su rostro, majestuoso y agradable, expresando su propia advocación y su ser madre, Reina y Señora.

Partiendo de esto, vemos a la virgen sentada sobre un trono gótico, -como digo, inspirado en los cuadros de Van Eyck- precedido de una majestuosa alfombra, sobre dos peanas que la separan del suelo. La perspectiva en la que está dispuesta, lleva al observador a situarse en un plano inferior.

La virgen se nos presenta sobre un fondo rojo (signo de realeza), vestida totalmente de blanco (color de la Paz), con un rico manto lleno de piedras preciosas, perlas y rico bordado. El reverso del manto es verde, que nos habla de la esperanza de vernos con ella algún día en el cielo.

ascendiendo al rostro del niño y de la virgen, se nos presenta manteniendo su estilo barroco, para que no deje de ser reconocible. La corona, idealizada, reproduce algunas piedras y elementos de la corona de la coronación.

Siguiendo la «ley de respeto», por la cual se representaba más pequeño el personaje, según la importancia del mismo: nos encontramos dos ángeles vestidos con dalmáticas, coronando a la virgen.

La escena es coronada con un gran sol de pan de oro, que representa la Paz de Dios y la proclama, la que ha de reinar en cada corazón. De este elemento, se van diseminando distintas luminarias que dan a la escena mayor seriedad e intimismo.

El trabajo, se ve rematado a base de veladuras, que crea luces propias dentro del cuadro, dando mayor luminosidad e importancia a la virgen, quedando secundario todo lo demás.

La intención de la obra no es ser un cuadro meramente decorativo, sino, una capilla que invite a la contemplación, de ahí el uso del pan de oro y la eliminación de cualquier fondo innecesario que pueda distraer la visión escénica.

2021-2022Oleo y pan de oro sobre
lienzo en bastidor
150×92900€